sábado, agosto 27, 2005

Problemas de peso

Una viandante de calibre. Foto: fuvi
A nadie le gusta que le digan que está gordo. Pero una paciente de New Hampshire se sintió tan molesta por el sermón que le endilgó un médico a propósito de su peso, que ni siquiera una carta de disculpa bastó para aplacar su ira, y presentó una queja legal ante las autoridades de salud del estado, diciéndose ofendida.

El contexto está claro: Estados Unidos es un país con cada vez más pobladores más allá de la raya que separa la normalidad del sobrepeso, y también de la que separa el sobrepeso de la obesidad. La situación pone a los médicos en el aprieto de cómo transmitir a sus pacientes gordos la urgencia de un mensaje que consideran vital sin herir susceptibilidades peligrosas en una nación que también se hunde cada vez más en un espíritu de litigios continuos.

Un sermón muy practicado
El personaje en capilla es Terry Bennett, un médico de 66 años que vive en Rochester, estudió en la Escuela Médica de Harvard, ama las antigüedades y es enemigo del sistema de salud basado en los llamados HMO, organismos de atención a la salud. Hace poco más de un año, Bennett recibió en su consultorio a la paciente quejosa, cuya identidad no ha sido revelada.

El médico dice que, como muchos colegas, tiene un "sermón" que tiene bien dominado para soltárselo a las pacientes pasadas de peso. En particular, les dice tres mensajes: primero, les recuerda que la obesidad es una epidemia que prácticamente está ahogando a Estados Unidos. Segundo, les dice que su vida amorosa como personas puede verse muy limitada por el exceso de peso. Tercero, les dice que la obesidad muy probablemente los llevará, si no se cuidan, a convertirse en pacientes con hipertensión, diabetes, agruras, infartos y embolias.

"Le dije a una mujer gorda que estaba obesa", relató Bennett a la AP. "Quería llamar su atención. Le dije: 'Necesita meterse en un programa, unirse a un grupo de gente que piense igual y librarse del peso que va a matarla'".

Pero el médico fue un poco más allá, y traspuso esa tenue línea que separa los juicios exclusivamente médicos de lo que es la vida personal.

De lo profesional a lo personal
Según el New York Daily News, Bennett dijo a la paciente que, conforme a las estadísticas, era probable que ella viviera más tiempo que su marido (quien por cierto también está más que excedido de peso), y que de persistir en su obesidad, tendría dificultades para encontrar a un nuevo hombre. El médico reiteró esta versión en una entrevista que le hizo Matt Lauer para el programa Today, de la cadena televisiva NBC.

La paciente salió del consultorio de Bennett y eventualmente presentó una queja escrita que cayó en manos del Consejo de Medicina de New Hampshire. La queja dice que el doctor fue más ofensivo que útil para atender su caso. El consejo designó a una comisión para que descifrara lo ocurrido, y el comité sugirió cautamente que se le enviara a Bennett una carta confidencial en la que se le expresara la preocupación oficial por el caso.

Mientras tanto, las noticias de la queja llegaron al médico, quien le envió a la paciente una carta en la que le ofrecía una disculpa señalando que no había tenido ningún propósito ofensivo.

Sujeto a investigación
El pasado diciembre el Consejo de Medicina resolvió no hacer caso de la sugerencia hecha por la comisión, y elevó el caso a la oficina de la Fiscalía General de New Hampshire. La autoridad hizo sus propias indagaciones, y propuso que se cerrara el caso con dos actos: uno, que el médico reconociera haber cometido un error. Y dos, que Bennett tomara un curso de educación médica, una especie de cursillo para que aprendiera a comunicarse mejor. El médico se rehusó.

"He cometido muchos errores durante mi vida. Decirle a alguien la verdad no es uno de ellos", dijo Bennett, añadió: "¿Me acosté con alguien? ¿Le di drogas a alguien? ¿Fui descuidado? No. Fin de la historia. Eso debió haber sido el fin de la historia".

Pero no fue así. El caso sigue y está prevista la celebración de una audiencia pública para determinar qué hacer con el médico. Mientras tanto, las autoridades implicadas no han querido decir nada. El presidente del comité médico dijo que no está dispuesto a hablar sobre quejas concretas, y la fiscal asistente a la que le tocó investigar el caso dijo que las leyes de New Hampshire establecen la confidencialidad de las quejas, al menos hasta que se emprenda una acción disciplinaria.

¿Acción disciplinaria? ¿Qué podría determinarse en la audiencia pública? En el mejor de los casos, Bennett recibirá una reprensión por su falta de tacto; lo regañarán por exceso de franqueza. Pero si las presiones llevaran a las autoridades a portarse drásticamente, podrían llegar a revocarle a Bennett el derecho a ejercer la medicina en New Hampshire.

El único personaje implicado en el caso que dio alguna opinión al respecto es un médico del comité médico, Kevin Costin, quien declaró que "los médicos tienen que ser profesionales con los pacientes y recordar que cada uno es un individuo. No se debe ser inflamatorio o degradante con nadie".

Realidades y opiniones
Bennett parece dispuesto a reconocer que quizás sus palabras no fueron las apropiadas, pero no cederá un ápice respecto a los hechos. Su opinión profesional es la que dijo: la paciente tiene serios problemas que se traducirán en complicaciones de salud si no hace algo por bajar de peso. Trascendió que la mujer mide 1.70 de estatura y pesa 113 kilos, de modo que al menos es indisputable el hecho de su obesidad.

Richard Sardovsky, del Centro de ciencias de la Salud en la Universidad Estatal de Nueva York en Brooklyn, dijo que los médicos "están cada vez más presionados para hacer más a fin de alentar a los pacientes para que pierdan peso". Dada la gravedad del problema para el país, dijo, no es raro que algunos médicos vayan demasiado lejos en su celo por lograr que los pacientes abran los ojos a la realidad.

El consenso médico parece contundente y claro: los médicos no pueden, éticamente, dar la espalda el problema por temor a que los pacientes puedan ofenderse o quejarse. En palabras de Darwin Deen, profesor de medicina familiar y social en el Colegio de Medicina Albert Einstein, en el Bronx, "no podemos dejarles pensar que está bien y que no hablaremos de ello. Es como fumar".

El punto, entonces, tiene que ver con el cómo decir las cosas. Sandy Schaffer, de la Asociación Nacional para Avanzar hacia la Aceptación de los Gordos, dijo que las tácticas de Bennett causaron daño innecesario y tal vez fueron contraproducentes, pues ningún texto de psicología puede considerar a la humillación como herramienta motivacional.

Las reacciones en la comunidad de obesos fueron mucho más estridentes. Varias decenas de gordos confesos comentaron su indignación en la bitácora Big Fat Blog, donde lamentan la estigmatización de los obesos en la sociedad estadunidense y en particular entre los médicos.

Pero también entre los pesados hubo quienes defendieron al médico. AP reprodujo declaraciones de Mindy Haney a la televisora WMUR.TV, a la que dijo que no es posible castigar a un médico por decir la verdad. Haney relató que ella misma estuvo en la posición de la paciente quejosa, pero gracias al médico, despertó y tomó medidas que la llevaron a perder más de 150 libras.

"Una vez que lo piensas", dijo, "te enojas contigo, no con el doctor Bennett. Él es el mensajero: te está diciendo algo que ya sabes".

Y Jimmy Moore, autor de otra bitácora y defensor de la dieta Atkins que, dice, le ayudó a perder 180 libras, resumió el dilema diciendo: "Si no podemos confiar en que nuestros propios médicos nos dirán la verdad sobre nuestra salud física, ¿quién lo hará?"